Esta frase aparece en la película “Remember me” protagonizada por Robert Pattison (ya saben, el hijo de la Patti).

Todas las personas vivimos la vida bajo el empujo de la cotidianeidad. Enfrascadas en nuestro quehacer diario, en nuestros trabajos, nuestras obligaciones y nuestras responsabilidades. Nuestra vida va pasando recubierta de una rutina que justificamos como lo procedente para subsistir. Es demagogia decir que no necesitamos dinero para subsistir en un mundo tan capitalista. Y con esta justificación, nuestras necesidades básicas y hasta de autorrealización, se convierten en eslabones de una cadena condicionada por un mundo dirigido por el dinero.

Debemos trabajar para vivir cierto, pero no vivir para trabajar. Cuando nuestros trabajos nos usurpan la mayor parte de nuestro tiempo. Los días de nuestra vida van pasando como si nada. Cada nuevo día parece ser como el anterior y todo hace presagiar que el de mañana será igual. Pero ¿y si no es así?

Creo que siempre debe llegar un momento. El momento en el que nos sentemos ante nosotros/as mismos/as para evaluar nuestra vida. Si la vemos recubierta de tantas rutinas que acabamos por preguntarnos dónde queda nuestra felicidad, debemos darnos cuenta que algo falla...

Siempre debemos ser conscientes de una simple pero apabullante verdad: Nosotr@s mism@s somos dueñ@s de nuestras vidas. Y si no lo sentimos así…no cabe duda, algo falla...